20.11.11

Cartelería: SHAME

Colección de carteles de la película.
Mi favorito es el primero, y me encanta el minimalismo de su tipografía, Futura, que estoy encontrando últimamente en muchos otros pósters.

Igual luego la película me decepciona, pero creándome expectativas también disfruto.


18.11.11

VOTA DORA

No puedo por menos que, ante la inminente llegada del domingo 20N, utilizar también este medio de difusión (del cual auguro no mucho seguimiento, pero por si acaso) para instarles a todos ustedes al voto nulo de una manera diferente y esperanzadora: VOTA DORA

Podéis descargar (también aquí) la papeleta, imprimirla y votarla. Las cosas seguirán estando igual, pero alegraremos la tarde a algún interventor.

Y por si aún no habíais visto este documental, aquí la servidora lo califica de necesario e imprescindible (no os agobiéis por el loquendo, después de los primeros cinco minutos te acabas acostumbrando).

En fin, pues que haya suerte.

16.11.11

american horror story

¡Genial! Ya tenía ganas de que llegase este momento.
Después de intentos fallidos con series a las que desarrollaba pronto alta tolerancia y me aburrían supinamente, he encontrado una buena droga, de las que a mí me gustan, con capítulos de casi una hora, como tienen que ser las cosas.
Después de probar Pushing Daisies, de la cual pronto se me acabaron los proveedores y no la eché de menos, picotear Haven, que está entretenida, pero no me deja con esa sensación de ganas de más, y sobretodo después de decepcionarme enormemente con Entourage, cuyos personajes me parecen pésimamente dibujados, las historias fatal contadas y sobretodo un vestuario digno de los más sórdidos noventa (¿un actor de cine lleva una camisa tres tallas más grande y los puños de la camisa sin cerrar?). Y por supuesto, después de recurrir a grandes clásicos de hoy y de siempre, que llevan el sello de confianza en cuestión de series y cumplen lo que prometen (Anatomía de Grey, 8ª temporada).

Apareció American Horror Story.
Todavía la tengo recientita y no sé qué decir de ella, salvo que promete mucho. El trillado argumento de la casa encantada, pero reinventado y con mucho, muchísimo morbo. Pero del bueno. Realmente, me parece que está muy bien hecha, y de momento sólo la he visto a la luz del día. Va camino de convertirse en un verdadero fenómeno mundial, estoy segura.
Sucumbamos pues.



Una curiosidad añadida: la actriz que interpreta a la hija de los Harmon es la hermana, y no la hija, de Vera Farmiga. Es alucinante la magia de los genes. Son exactamente iguales, no me canso de mirarla y pensarlo.

6.11.11

ginger

Preparando planes y proyectos para cuando vengan tiempos mejores. Diseñarlos en nuestras mentes, haciéndolos fáciles. Imaginándolos cercanos. Casi, casi.
Fuera hace cada vez más frío.

Este vídeo lo hizo Lucía C., el bambi de hojalata regalo de cumpleaños (de una servidora), música, luz, idea y todo lo demás, de ella misma. Otoño de 2008. Ha llovido mucho desde entonces... y a veces me parece que tan sólo eso ha pasado, que sólo ha llovido. Las gotas se han ido estrellando contra la acera, dejando que los años y los meses corran, mientras nosotras nos hemos quedado exactamente igual.

31.10.11

Fish Tank: cómo nos encanta Michael Fassbender aunque parezca un corruptor de menores

En mi obsesión platónica por este actor, y a la espera de poder ver Shame de una vez, me estoy poniendo al día de su trayectoria.
Esta película, que es como una especie de capítulo largo de Skins, te da una buena sesión de cuerpo germano-irlandés, si es lo que estás buscando, pero al final acaba convirtiéndose en una peli con mucha más miga de lo que parecía.

Por cierto, que su directora, Andrea Arnold, acaba de hacer la adaptación de Cumbres Borrascosas, con Kaya Scodelario como protagonista... ¿Será éste el comienzo del romanticismo chandalero?


23.10.11

sólo somos átomos

Sólo somos átomos, como casi todo, tiene una historia.

Hace bastante tiempo, la vida me puso en una de esas situaciones tan maravillosas y horribles a la vez. Ésas en las que sientes tantas mariposas en el estómago que sientes que vas a echar hasta la primera papilla… que en lugar de agradables cosquilleos de alas sientes patas de insecto rasgando tus vísceras. Iba a encontrarme con alguien, y estaba tan nerviosa que llegó un momento que pensé que realmente iba a desvanecerme, que las piernas no iban a poder soportarme más, que mi corazón iba a pararse. De repente, me sentí incapaz de todo, me hice minúscula, sólo quería dar media vuelta y no enfrentarme a ningún tipo de situación parecida, por muy romántica que fuera, por muchos buenos momentos que fuera a reportarme después.

Supongo que así debe sentirse la cobardía en estado puro: incapaz de dar un paso más. Mientras el ascensor subía, yo veía todo mucho más iluminado, más claro, más borroso…

Entonces, mi cerebro, esa bola de proteínas, azúcares y agua con millones de años de evolución, rápidamente salió en mi ayuda, buscándome un consuelo, proporcionándome una frase poética, que hiciera de una situación fisiológicamente insostenible un bonito desgarro literario, para darme fuerzas y sobre todo para poder recordarlo, tiempo después (ahora) como algo digno de escribir. Y llegó, de pronto: sólo somos átomos. ¿Qué más da? Tan sólo somos átomos. Tú, él, el ascensor en el que subes, el oxígeno que respiras o el que te falta. Cuando le mires, cuando le toques, todo lo que él piense y todo lo que tú sientas: tan sólo son átomos. Bombas de sodio-potasio estallando en el interior de los axones de tus neuronas, tan sólo eso. Nada es mágico, sólo es físico. Este nerviosismo, no es más que adrenalina sostenida en sangre, tus riñones funcionando a toda máquina. No somos más que un conjunto de átomos ordenados, secuencias que dan lugar a piel, cuerpo, saliva y movimiento. Nada más. No hay nada más. Nada de lo que sientes es más real que la pura materia. Y nada existe fuera de ella. Por tanto, no hay nada de lo que preocuparse, nada que temer. Tú no existes, él tampoco, nadie es especial.

Esa frase retumbaba en mi cabeza mientras alguien abría una puerta, también compuesta sólo por átomos.

Desde entonces, esa frase me consuela. No somos más que átomos. Somos insignificantes y ni el dolor ni el miedo existen en realidad. Ésa es nuestra triste o amable verdad.

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