23.9.14

La otra opción

En este post hablo todo el tiempo en femenino, porque creo que el tema toca especialmente a las mujeres (por la presión social que es más fuerte para ellas). Sin embargo, es algo que opino a nivel general, para hombres y mujeres.
  
¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de: “otra vez será”? ¿Quién no ha usado ese manido “no te preocupes, ya verás como vendrá algo mejor pronto” para consolar a algún ser querido desanimado?
Concreto más: ¿quién no ha tirado de recurso fácil ante una ocasión de desamor: “ya verás como pronto llegará esa persona a tu vida”, “algún día yo también viviré una historia así”, “esto ha salido mal… pero podría haber salido bien, algún día saldrá bien”...?

Parece que la esperanza nos reconforta. Porque sin esperanza, ¿qué nos quedaría? ¿Cómo podríamos seguir viviendo sabiendo que, efectivamente, no habrá nada mejor que nos aguarde? ¿Que no habrá ninguna recompensa a lo largo del camino? ¿Cómo podríamos atrevernos a amar sabiendo que siempre será en vano? Sería comprar boletos de lotería cuando no anuncian ningún premio. Tan sólo son números impresos en un papel.

Según me voy haciendo mayor (o menos joven), esta realidad se me perfila cada día un poco más real, más posible. Y, al contrario de lo que podría parecer, cada vez me da menos miedo.
Y sobre todo: cada vez me doy mayor cuenta de lo dispuesto que está el mundo para que creamos que una vida es para compartirla de una forma romántica, y que si no triunfas en el amor, no habrás triunfado en la vida, porque sólo serás media persona, no alguien completo.
No sólo hemos sido profundamente educadas en esta idea, sino que además hemos sido privadas de los recursos necesarios para crecer como personas únicas. No tenemos herramientas para afrontar una vida sin pareja. Es por esto que debemos encontrarlas nosotras mismas (las herramientas, digo).

Idea profundamente errónea estampada sobre fondo y tipografías modernos.

Cuando alguien nos rompe el corazón (o nos cabrea por habernos hecho pasar una semana friendo el whatsapp para nada), nos dicen que “otra persona llegará”. Las palabras mágicas.
Y esa es la solución: sentarse a esperar el siguiente tren.
A mí, personalmente, me hubiera gustado que alguien me dijera que puede que eso no llegue a ocurrir nunca, o que ocurriría dentro de mucho tiempo, pero que en el fondo eso no cambia la esencia de quién soy.
¿Por qué nadie nos dice que podemos decidir no esperar el tren, saltar las vías y seguir caminando campo a través? Quizás en nuestra travesía nos encontremos con alguien, entre cardos, barro y ratas, o entre amapolas, mariposas y unicornios, pero que igualmente tenemos que seguir caminando, contemplando el paisaje, disfrutando de nuestros pasos, creciendo y aprendiendo de otras personas, viviendo experiencias.

Nadie nos educa para que podamos vivir nuestra forma de amar al margen del deseo de que el vampiro misterioso del instituto nos elija a nosotras y entonces nuestra vida cobre sentido. Porque Bridget Jones acaba encontrando un marido, a pesar de todo. Siempre hay una luz al final, un hombre (o una mujer) que te espera bajo la lluvia, y que al final sabrá valorarte y quererte, porque te lo mereces.
Y nadie nos dice que tenemos esa persona a nuestro lado toda nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos: nosotras mismas. Y que podríamos aprender a valorarnos, y a querernos, y porque a partir de aquí, todo lo que venga servirá para enriquecernos, y no para suplir unas carencias que nos han venido dadas desde fuera y que nos hemos creído.

Todo esto que suena a autoayuda barata es lo que veo que a mi alrededor provoca el 90% del sufrimiento y la frustración de las personas cercanas, y de mi misma también, claro: nadie nos ha preparado para estar solos. Es el gran tabú.
  
Yo cada día me siento más completa, más entera. Me siento más definida como persona cada día que paso feliz en mi individualidad, en mi soledad o en mi solitariedad.
Pienso que, con mis condiciones (y esta palabra incluye un millón de comillas), no me debería resulta difícil encontrar a alguien que me mirase y se derritiera, que me hiciera derretirme a mi también, y que nos desencadenásemos las reacciones químicas más adictivas de la tabla periódica. Las estadísticas están a mi favor.

Sin embargo, a día de hoy, la realidad me demuestra que las cosas no son así, y que (oh dios mio!), “las rachas” podrían tratarse tan sólo de un concepto que hemos inventado para consolarnos. Y que, sencillamente, esto es lo que ha habido, hay y será siempre. Que la soltería no es un estado pasajero, sino una circunstancia más de nuestras vidas, y que eso no nos hará ni mejores ni peores. Porque no se trata de resignación, sino de crecimiento.
Que existe la otra opción: la de no recibir nunca la respuesta que buscamos.


Nadie nos prepara para aceptar que la realidad puede sucederse así: que puede que no sólo no seamos correspondidas nunca, sino tampoco amadas.
Que podremos pasar por esta vida sin haber sido deseadas, sin que nadie haya sostenido nuestra cara con sus dos manos mientras nos besaba como un príncipe, que no habremos encontrado otro cuerpo que nos hiciera sentir como en casa, que nadie se habrá quedado dormido pensando en nuestro nombre.
Que al final, toda esa recompensa emocional, sería sólo una opción, no una garantía.




29.10.13

El Efecto Calvin

Los cómics de Calvin & Hobbes me han acompañado desde mi más tierna infancia. Cuando era más pequeña, no los entendía, claro, puesto que además los considero de un humor bastante especial.
Con los años, los he ido entendiendo mucho mejor, hasta darme cuenta de que Bill Watterson nos está mostrando La Verdad de la Vida desde sus viñetas.
No, en serio. Creo que este señor tan salao en buena medida ha contribuido con su tinta a construir mi actual forma de pensar. Como diría él: a forjarme el caracter. 





Hoy voy a aprovechar una de sus viñetas, probablemente la que es mi favorita, para ilustrar un fenómeno sobre el que vengo reflexionando desde hace algunos meses y que considero muy importante en la vida de todo ser humano. Y por eso quiero compartirlo con vosotras y vosotros.
No siempre llega a ocurrir, y en algunas personas ocurre de una manera desproporcionada. Pero, según mi punto de vista, utilizado de una manera equilibrada, es uno de los recursos que más bienestar mental procuran.

Es lo que yo llamo El Efecto Calvin, que podría resumirse así:



La clave está en dejar de utilizar ese recurso fácil que es la Autocompasión y empezar a aceptar que, efectivamente, en la vida hay muchas cosas que, sencillamente, son una mierda.

El Efecto Calvin sucede cuando se produce el cambio conceptual de que nosotras mismas tenemos problemas, pero no somos el problema. Se produce cuando somos capaces de entender que nuestras injusticias han sido causadas por terceras personas.
Se podría entender como un proceso de externalización de la lástima: no siento lástima por mi misma, sino que siento lástima a causa de la situación tan injusta que siento que estoy viviendo. Da lástima todo esto, no doy lástima yo.

Si, puede que al final tan sólo se trate de otro mero mecanismo de defensa más (que por otro lado, me estoy inventando ahora mismo). Una manera de echar balones fuera (cosa que el cerebro hace casi por instinto).
Y de ahí que sea tan importante la cuestión del equilibrio: no somos unas pobrecillas víctimas de las acciones de los demás, que estamos a expensas de decisiones de otros... pero sí. A veces las decisiones de otros nos joden. Y es importante no caer en la trampa fácil de la culpabilidad: "es que si yo no hubiese hecho esto antes...", "yo tendría que haberme dado cuenta...".
¡Basta! Es muy probable que no hubieras podido hacer nada para cambiarlo, así que deja de pensar en tí y busca en youtube un tutorial de vodoo para principiantes.

A mi personalmente, este cambio de forma de pensar ha sido de las cosas que más han ordenado mi mente y más paz han dado a mi espíritu. Con el tiempo, me he ido dando cuenta de que la gran mayoría de las veces en las que una persona siente que se encuentra en una situación de injusticia, normalmente es debido a que hay otras personas que lo están provocando (quizás no deliberadamente, por supuesto).

El Efecto Calvin trata de aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control, cosas que no dependen de nosotras, pero que eso no hace que seamos peores, ni tengamos menos capacidades, ni que nuestra vida valga menos. Trata de aceptar nuestras propias limitaciones, pero sobretodo de aceptar las limitaciones de los demás. Trata de dejar atrás el miedo a admitir que tú has hecho todo bien y que ya no hay nada más que rascar.

Por eso creo que es mucho más útil e importante emplear todo ese tiempo que dedicábamos a autocompadecernos y a lamentarnos por nuestra "mala suerte", lloriquear y odiar nuestra vida, en identificar y aprender a liberarnos de todas esas personas que de alguna manera hacen nuestra vida más penosa.



entrada 100

Pues eso.




13.10.13

Natalia

Esta es una fotografía de Felipe Dana, fotógrafo de prensa brasileño, que tuve la oportunidad de ver en el World Press Photo 2013 en Madrid.



Es pequeña, pero tenía una pared para ella sola, para que te pusieras frente a ella y la miraras, de frente.
El impacto es instantáneo. Por lo menos a mí, el disparo me alcanzó de lleno.

Natalia tiene 15 años y es consumidora de crack, pero no sabe desde hace cuánto tiempo, porque apenas sí recuerda el año en que nació. Vive en la calle, claro. Está perdida. Pero no de una forma en la que yo, o tú, podremos estar perdidas nunca.
Cuando la miro, por un instante, me recuerda a un espejo. Pienso en las veces que me he visto reflejada de esta manera, pero completamente distinta a la vez, y pienso que me recuerda a mi cara, que puedo adivinar su gesto, su cansancio, su completa levedad, su dolor.
Pero enseguida me doy cuenta de lo ridículo de mis pensamientos, y de que realmente, la sensación de quemazón que recorre mi garganta es por saber que yo jamás podré entender, vivir, imaginar o llorar nada de lo que ella ha vivido. De que lo que estoy haciendo es llorándola a ella. Y de que este instante, y con tantas lágrimas que habremos derramado y las que nos quedarán por derramar, será seguramente uno de los pocos que tengan un auténtico motivo.

Mirar a Natalia me duele, me hiere. Pero no por su gesto, su cabeza ladeada, sus ojos rojos, sus pupilas dilatadas, su juventud o su completa soledad. Sino por su insoportable belleza. Me duele el color de su piel, que se adivina tan suave como la seda, su boca perfecta, sus pestañas, la forma de sus cejas, la tersura de su cuello.

En la mayoría del territorio poblado del planeta Tierra, la vida no tiene valor. Porque el hecho de poner un valor a las cosas, lo hacemos aquellos que tenemos el lujo de poder medirlas, de teorizar sobre ellas y relativizarlas. 
Ella podría morir mañana (si no lo ha hecho ya), y no habría diferencia.
No habría diferencia incluso para ella. 



8.10.13

Once formas de decirte que no

¿Sabes ese momento en el que alguien te seca las lágrimas, te pasa un brazo por el hombro o te sonríe ligeramente mientras murmura: llegará un día en que nos acordemos de todo esto y nos riamos?
Ese día ha llegado.

Hace poco más de un año, y a causa de una recurrente sensación de hartazgo sentimental, se me ocurrió recopilar todas las excusas, razones, argumentos o palabras inconexas que me habían dado los tíos, a lo largo de mi vida, como respuesta a una proposición (real o supuesta) por mi parte de llegar a ese algo más.

Como los algos más eran muy variados, y los hombres y las circunstancias también, resultó ser una colección de lo más... peculiar. Así que, muy contenta con el resultado, me vine a arriba y decidí investigar en la vida privada de amigas y conocidas, para que nuestra Colección de Excusas para Decir que No siguiera creciendo.
Un año después, y en proceso de conseguir más y más excusas, propias y ajenas, he decidido empezar a ilustrarlas.

De momento, os dejo con las primeras 11 estampas que me han salido, a la espera de trabajar sobre el resto. No todas las he recibido yo, pero lo que es seguro es que todas son 100% realidad, 0% ficción (incluso las palabras utilizadas).
Podéis tomar ideas, o reinterpretarlas a vuestra manera. Las posibilidades son infinitas. Y aunque hasta ahora sólo haya recopilado material masculino en relaciones heterosexuales, bien es cierto que todas y todos, antes o después, acabaremos tirando de palabrería para rechazar a alguien.
En el amor, la guerra y las negativas, ¡todo vale!

Dedicado a todas las chicas que estáis participando en mi recogida de excusas, para que nos ayude a tomarnos todo un poco menos en serio.

Especial dedicación a todos los chicos que me habéis nutrido de buen material creativo. Sin vuestra inestimable ayuda, todo esto no hubiera sido posible. Os mando un beso: ése que no quisisteis repetir o el que nunca llegasteis a probar.















1.8.13

Esto es El Duque, que entra en un puticlub y...

Es cierto que los meses de verano, probablemente sean aquellos en los que más televisión consumo. Mayoritariamente, reparto el tiempo entre competiciones deportivas y series, pero al final dejo que la inercia me atrape y acabo permitiendo que mi cerebro se pudra, con el calor y con la nueva tecnología LED actuando a modo de catalizador.
Pero estamos en verano, eso me vale como excusa, ¿no?


Por lo que parece, no sólo a mi me vale como excusa: con las altas temperaturas, ha llegado la proliferación de jubilados en Benidorm, ingleses en Las Canarias y tetas y culos permitidos (y celebrados) en los videoclips y publicidad.
Parece que los tangas gratuitos, las tías macizas bailando alrededor de cantantes con gafas de sol y los primeros planos de pechos exuberantes, en febrero escandalizan más. Pero oye, como que a partir de junio la cosa se relaja, pues al fin y al cabo los bikinis no dejan de considerarse temática veraniega. ¿Alguien imagina el vídeo de una canción del verano (de una verdadera canción del verano) sin unas buenas pibitas que alegren el cotarro? ¡Claro que sí! Y en una proporción de 5 a 1. Imaginaos en los vídeos donde hay colaboraciones y cantan dos o tres chulos... ¡No damos a basto con tanto atrezzo bailongo, niño!

Flo Rida, en una escena crucial e indispensable para entender la letra de la canción.

Mucho se ha escrito sobre el tratamiento de la mujer como objeto sexual en los medios, la publicidad y los vídeos musicales, y no voy a decir nada nuevo, ni a reproducir el mismo discurso, pero me apetecía escribir una entrada de rabiosa temática veraniega. Y rabiosa es un adjetivo elegido a conciencia.

La Danza de las Ninfas (Une matinée, la danse des nymphes)
Jean-Baptiste Camille Corot (1850)
Óleo sobre lienzo. Museo D'Orsay.


¿Por qué precisamente hoy?
No, si provocador es un rato.¿Una mierda como una casa? También.
Al margen de los topicazos más casposos y de tratarnos a sus compañeras de género como un instrumento de labranza para arar el ego y el sentimiento de hombría de los personajes varones del vídeo, todos con trajes caros y dejándose querer al ritmo de una música de esa que sólo escuchas en los canales regionales a altas horas de la madrugada (con una melodía repetitiva de organillo), el anuncio es completamente absurdo, falto de originalidad y malo como el solo. El Duque, representando a El Duque, que por arte de magia es invitado a una fiesta de Berlusconi.
Dura más de séis minutazos, y cuando pasan los dos primeros, empiezas a dudar de si el vídeo se ha puesto en repeat y tú no te has dado cuenta.

Penélope Cruz, rompiendo los esquemas de la publicidad de lencería. Una imagen completamente transgresora y llena de buen gusto que marcará un antes y un después en el mundo del marketing.


Ahora, eso sí, tenemos que reconocer que el final es totalmente impactante, ese giro inesperado en el que resulta que El Duque no era El Duque sino... ¡un obrero! Y todo se trataba de un sueño tórrido. ¡Ni Scorsese! Me quedo estupefacta. Y sale Javier Bardem haciendo de... no sé, de una aberración.
De momento Youtube lo ha retirado por que "infringe los término de uso". Yo creo que es tan malo que ni siquiera Youtube quiere colgarlo en su plataforma.

Pero para anuncios de esos que te dejan sin respiración (en este caso, de tanto jartarte de reír) es el spot de las fragancias Playboy.
Cada vez que lo ponen en la tele, aplaudo cuando llega a su fín. Sinceramente, me parece una obra maestra. El guión no tiene desperdicio: tías buenas, en una fiesta llena de gente guapa y rica, una piscina, el típico guiño a si eres un macho de verdad te disgustará la imagen de un hombre en calzoncillos (argh!) y la frase que a mi me deja totalmente desarmada: Eres un playboy con superpoderes y conoces a un pibón también con superpoderes.



Mucho se hablará ahora sobre Penélope y sus nulas dotes como publicista, directora, guionista y mujer.
Pero el anuncio de Playboy será, por siempre y para siempre, imposible de parodiar.


Fin de la cita.




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