6.6.17

Intentando volver

Estoy intentando volver. De verdad que sí.

Lo que pasa que todavía no sé muy bien cómo.



Ted Emmons

14.5.15

Las mujeres que no seremos amadas

¿Sabes todas esas construcciones sobre el amor?

Esas representaciones. Incluso las más alternativas: esas formas de querer libremente, llenándote una mujer tal y como es, valorando todas sus imperfecciones, que la hacen bella.
Toda esa mujer en forma de lluvia, y cómo desean que les cale, les empape, llenarse de ella. Y bailarla, llorarla, amarla, echarla de menos... vivirla.

Todo ese amor, ese deseo y ese respeto que juran que tendrán.
Todo ese acto de voluntad.
Todo ese ejercicio de querer y ser querido.
De arriesgarse, de apostar.
Todas esas ganas de saltar al vacío.
Gastar el tiempo en descubrir, esperar, y nunca sentir que es un tiempo que se pierde.
Cuando dicen que es una oportunidad que deciden aprovechar.

Todas las representaciones que leo, que veo, que viven los demás.
Esos sentimientos que te cuentan que experimentaron. Esas suertes que al final ocurrieron.
Todos ellos y todas ellas.

Trazas una línea, y colocas todo aquello: las palabras, las imágenes, los recuerdos, sus brillos en los ojos.

Y al otro lado





estás tú.



En tu sitio.
Tú, que describes todo lo que ves con lujo de detalles, con la precisión poética de quien la vida le ha dado más reflexión que acción.
Tú y tus palabras. Que son como las marcas de tus dedos sobre el cristal del escaparate.
Tus palabras. Que a veces obran su magia y hacen parecer que tú también las hubieras vivido.
Por un momento.


Emma Dajska



9.4.15

pulso sostenido

Como un animal pequeño, que tuvieras que sostener con suavidad pero con firmeza, para que no se escapara. Un pajarillo escurridizo que fuera a recuperar su capacidad de volar en cualquier momento. Ésos a los que dábamos miga de pan mojada en agua cuando los encontrábamos caídos en algún rincón del jardín. Aquellos que nunca volvíamos a ver, ni oír.

Me sujetabas, me acariciabas, me conocías.
Mi mano cabía entera dentro de la tuya.

"¿Por qué te gusta tanto sostenerme las muñecas?", te pregunté una vez.
"Porque es donde reside tu pulso, porque si apoyo los dedos, puedo sentir el paso de tu sangre", me respondiste. Cerrabas los ojos y sonreías como recordando algo que sólo tú supieras. Los dos callábamos.
Quisiste demostrármelo poniendo la yemas de los dedos de mi mano libre sobre mi muñeca, pero yo no notaba nada: ni ritmo, ni murmullo, ni reloj. Nada.
Los días que no nos veíamos, a veces volvía a tocarme el interior de las muñecas, empeñada, concentrándome en notar mi pulso, pero seguía sin encontrarlo.

Durante muchos años entrelazamos nuestras manos, medimos el filo de nuestros huesos, el peso de nuestra carne, y fuimos creciendo. Nuestras vidas avanzaban como los glóbulos rojos en mis venas. Nos sostuvimos el uno al otro, nos sincronizamos, nos cuidamos como animales pequeños.
Un día te dije: "¿Crees que seguirás sosteniéndome las muñecas cuando ya no tengan pulso?".

No tuvimos tiempo de descubrirlo.



Hoy me doy cuenta de que mi mano no cabe dentro de la otra, que mi piel es más áspera cada vez, más arrugada. Que nadie se desliza por esa parte de mi cuerpo.
Y que, por más que busco y busco, no encuentro ningún latido allí donde tú solías encontrarlos siempre.



Laura Makabresku



31.3.15

insectos y piel

Hoy he soñado con insectos y ha sido un poco desagradable.
Creo que es porque hace unos días, mientras estaba delante del ordenador, fui a coger algo de la mesa de mi escritorio, moví un papel, y de debajo salió corriendo una pequeña araña, que llegó hasta el final de la mesa y huyó descolgándose.
No le dí mayor importancia.
La semana pasada, también en la misma situación, hice un descanso ocular dejando caer la mirada por las paredes detrás de la pantalla... y descubrí una pequeña mariquita, de las que son negras.
También me dio igual, la dejé allí y volví a mis asuntos.

He asumido que con las recientes buenas temperaturas y la cantidad de tiempo que tengo abierta la ventana, se me cuelan bichos en la habitación.

Pero hoy el sueño no ha sido muy divertido: mis insectos estaban debajo de la cama y eran como unas mantis religiosas pero muy finas, como hechas de astillas negras. Y grandes, como del tamaño de un gato. Y malvadas, estaban acechando... eso en un sueño, pues lo notas, notas el mal rollo.
Tenía claro que debía acabar con todas ellas. Sin piedad ninguna. Así que cogía un cepillo del pelo de  madera, y las daba justa muerte golpeándolas en su cabeza. Pero al hacerlo, las astillas de su cuerpo salían disparadas con violencia, y se me clavaban en la piel. Las había de todos los tamaños: gruesas, delgadas, largas, cortas, algunas me atravesaban los dedos de lado a lado, algunas se me quedaban enteras debajo de la piel. Y yo me las iba quitando una a una, con cuidado y precisión. Todas las astillas religiosas estas.


Hace tiempo que vengo coleccionando imágenes donde haya insectos escalando rostros humanos.
Es una sensación que me da infinita grima, pero a la vez me atrae irremediablemente. Y me parece muy metafórico.
Una polilla revoloteando en tus labios, sus movimientos y las cosquillas, llenando la boca de ese polvillo fino de sus alas, mezclándose con tu saliva...
Una hormiga que va a beber directamente a tu lagrimal, se asoma dentro y chupa, sus patitas apoyadas en tu ojo.
Y una hormiga alada, deslizándose dentro de tu nariz, cada vez más y más arriba... y tus ganas de estornudar.



Amanda Leivian

Jaz Wasson


Jaz Wasson

Jaz Wasson
Jaz Wasson
Daniel Sannwald




1.3.15

marzo, por fin

Hoy entra marzo.
Ha llegado rápido, antes de lo que pensaba. Mejor.

Y llega limpito y nuevo. Marzo, que en mi cabeza siempre es de un color malva claro, a causa de mi bendita sinestesia.
Marzo, la lengua desplazándose detrás de los dientes al pronunciar la R y después la Z, ¿lo notas?

Marzo, el mes en el que cierro algunas puertas, y abro unas ventanas, para que entren sólo luz y brisa. Sólo.
El mes en el que hay que sembrar las semillas de lo que queramos recolectar después, el mes de la mujer, de la llegada de la primavera, del cambio de hora... El mes en el que te das cuenta de que el suelo existe, y que frena. Y entonces, te levantas y caminas.


Y a partir de ahora, todo lo que voy a vomitar van a ser flores.

Yasutomo Ebisu




16.2.15

pesadillas


     Por la noche la despertó, ella lloraba en sueños.

   Le contó: «Estaba enterrada. Hace ya tiempo. Venías a verme todas las semanas. Siempre golpeabas con los nudillos en la tumba y yo salía. Tenía los ojos llenos de tierra.
   »Decías: 'Así no puedes ver' y me quitabas la tierra de los ojos.
   »Y yo te decía: 'De todos modos no veo. Si tengo agujeros en vez de ojos'.
   »Y un día te fuiste y no volviste durante mucho tiempo y yo sabía que estabas con otra mujer. Pasaban las semanas y tú no volvías. Tenía miedo de no verte y por eso no dormía nunca. Por fin volviste a llamar a la tumba, pero yo estaba tan cansada después de un mes sin dormir que no tenía fuerzas para salir a la superficie. Cuando lo conseguí, tú me miraste decepcionado. Me dijiste que tenía muy mal aspecto. Sentí que te desagradaba terriblemente, que tenía la cara hundida y hacía unos gestos muy bruscos.
   »Te pedí disculpas: 'No te enfades, no he dormido en todo el tiempo'.
   »Y tú dijiste con voz falsa, tranquilizadora: 'Ya ves. Tienes que descansar. Deberías tomarte un mes de vacaciones'.
   »Y yo sabía perfectamente qué querías decir con lo de las vacaciones. Sabía que no querías verme en todo el mes porque estarías con otra mujer. Te fuiste y yo bajé a la tumba y sabía que pasaría otro mes sin dormir para estar despierta cuando vinieses y que, cuando llegases al cabo de un mes, estaría aún más fea que hoy y que tú estarías aún más decepcionado. »

     No había oído nunca un relato más torturado que aquél. Apretó a Teresa contra su pecho, sintió su cuerpo que temblaba y le pareció que era incapaz de soportar su amor.


M. Kundera




Y entonces, empezaron a llegar los despertares en los que, al abrir los ojos, me doy cuenta de que están llenos de tierra.





13.2.15

prunus dulcis

El cianuro huele a almendra amarga.
Las personas que mueren debido a una intoxicación cianhídrica desprenden este olor.
La cámara de gas, los insecticidas, un incendio industrial... todos los vapores amargos que romperían el oxígeno en tus células.

No sólo el olor, su sabor también podría matarte. La activación de tu lengua, en su parte posterior, te daría un pequeño aviso. Sin embargo, si deleitado por la experiencia, decides comerte un kilo de almendras amargas, seguramente morirías. Cincuenta semillas de manzana, o treinta de albaricoque, asfixiarían también todas tus células y te convertirías en un cadáver con aroma a amaretto.


Dentro de pocas semanas, los almendros florecerán.
Llegarán los primeros, para aliviar nuestras ansias, nos darán un respiro. Para todos aquellos que no aguantamos nuestras ganas de que todo esto termine ya, y venga el calor, las flores y la luz.
Para los que han arrastrado un invierno demasiado frío y se ven incapaces de esperar al verano para conseguir treinta albaricoques. Para los que llevan sintiendo un sabor amargo en la boca desde hace demasiado tiempo, y piensan que seguramente ya no habría diferencia.


Todo tiene su función y su papel en la naturaleza.
Los almendros florecen antes para todos los que se rinden antes de primavera.







13.1.15

mesilla 2015

Estos son mis propósitos de año nuevo, lo que espero que venga en los próximos meses y la actitud con la que los afronto.




No imagino un libro que refleje mejor, por su título y su contenido, mi manera de entender la vida que este Hermosa Soledad.
Ha sido un buen golpe de suerte haberlo descubierto (¡gracias mamá). Le auguro una buena temporada cerca de mi almohada.

Os dejo uno de sus fragmentos que más me gustan.



9 DE ENERO   NUBOSO

Abro la puerta, te invito a entrar.

En el interior, la luz es tenue.
Deja que te encienda una lámpara.
Si te puedes quedar un ratito,
te prepararé una tetera.

Fuera hay un silencio inquietante
y el cielo se ha ido oscureciendo.

El gato atigrado que se encuentra al pie de la escalera
clava los ojos en la lejanía.
Un pájaro sale disparado de repente de entre los arbustos,
y vuela asustado hacia las oscuras nubes.

De un momento a otro, el mundo cambia.
Tenemos que encontrar un lugar y un momento,
tranquilos y sin prisas.

¿Aún dudas?

Voy a cerrar la puerta

Jimmy Liao




Para los momentos en que nos perdemos a nosotros mismos, voy coleccionando todas aquellas cosas que me recuerden quién soy en realidad, que me agarren de la mano cuando el caos lo desdibuje todo.

Siempre tan previsora, este nuevo año, seguro, aumentaré la colección.



18.12.14

Dino Valls: que te miren duele

Desde hace dos años y medio, un libro está en mi mesilla de noche. A veces visible, a veces cubierto de otros libros, pero siempre acechando.
He leído pocas páginas de él, y creo que es porque no me atrevo del todo, en el fondo me da un poco de miedo. 
Ese libro es El mes más cruel de Pilar Adón. Y su portada, cuando queda liberada y sale al descubierto, me mira, perturbadora.



Así que hoy me armé de valor y decidí buscar al artífice de esa mirada sufridora que me anuncia el carácter de los relatos del libro.

Su nombre es Dino Valls (Zaragoza, 1959) y sus pinturas me resultan hipnotizantes y dolorosas a partes iguales. Te miran y te hablan, pero sus bocas están siempre cerradas. Y sus estudios de medicina no hacen sino añadirle un plus de escabrosos detalles anatómicos.
En su página oficial podéis ver muchos más retratos, aunque advierto que algunos son muy dolorosos.
Reservadlos para esos momentos de masoquismo artístico, cuando observar el sufrimiento silencioso plasmado en óleo sobre tabla os hagan estar en perfecta armonía y comunión con el universo.


















12.12.14

Abismos

¿Recuerdas ese momento en el que alguien te secaba las lágrimas, te pasaba un brazo por el hombro o te sonreía con ternura mientras te decía: llegará un día en que recordaremos todo esto y nos reiremos?

¿Recuerdas esa sensación de echar la vista atrás y darte cuenta de que te sientes como nunca pensaste que te sentirías? La forma en que pudiste recomponerte de todo, cuando las suturas hicieron su efecto, la impagable sensación de libertad y de control sobre tu manera de abrir los ojos al despertarte por la mañana.

¿Recuerdas cuando pensabas que tu caída no tendría fin, y que el mundo seguiría pasando a ambos lados de tu cuerpo con velocidad, y parecía que jamás te detendrías? 

¿Lo recuerdas?

Y ahora,
¿Recuerdas cuando todo estaba bien, cuando te encontrabas en una época "dorada" de tu vida y volviste a encontrarte, muchos años después, de nuevo con los pies al borde de un abismo? El incontrolable magnetismo de la posibilidad, el riesgo tan tentador, la tibieza del suelo bajo tus pies... que fuiste despegando, uno después del otro, para acabar volando unos segundos en una explosión de felicidad, antes de que el vuelo se convirtiera, otra vez, en caída. ¿Recuerdas cuando pensabas, ingenuamente, que podrías haber elegido no saltar?

¿Y recuerdas la sensación de no tener miedo?

¿Recuerdas cómo era?







21.11.14

Finales de Libros III: Midori

Es cierto que, por su gran fama y su bestsellerismo, me costó bastante empezarlo y mantenerlo.
Pero finalmente, y con más títulos suyos leídos, puedo afirmar que Haruki Murakami me gusta y me reconozco entre sus líneas.

Además últimamente pienso mucho en Midori.

Tokyo Blues - H. Murakami







19.11.14

El momento que hubo

Hay un momento.
Un momento que es el más puro, completo y auténtico. Hay un momento que nace de repente, que llega sin buscarlo, pero es extremadamente frágil y difícil de recuperar.
Hay un momento que se tiene absolutamente, sin condiciones, y un momento que se pierde, también sin condiciones. Hay una gota que resbala por la palma de la mano, cuando no la cierras, y cae diluyéndose.

Hay un momento en el que puedes atraparme, un momento en el que me quedo dentro de tu red, dispuesta y decidida.
Hay un minuto, unas horas. Hay unos días, unos meses. Incluso hay unos años.

Hay un tiempo en el que puedes descubrirme: hay una historia que quiero contarte, una experiencia que quiero compartir, una canción que quiero que escuches, un destino que quiero visitar, un miedo que quiero calmar.

Hay un momento en que camino por la calle y siento que quiero que sepas que camino por la calle queriendo que tú lo sepas. Y, entonces, soy tuya, probablemente de la manera más real posible: en la distancia.

Hay un beso que imagino y una caricia con la que fantaseo. Y hay una mirada en la que me pierdo, dentro de mi cabeza. Y así, sueño con tu boca, con tus manos y con tus ojos. Y hay una saliva, la más dulce, como néctar, que nunca llegas a probar porque la hago resbalar por mi garganta cuando pienso en ti.

Vivo el momento mientras se consume, mientras me voy agotando.

Trago saliva en el momento en el que me niegas, apartas tu mano, giras tu cara, dices las palabras o callas silencio. Y me malgasto, cuando seco mi lengua, de la misma manera que seco mis sueños, olvido cómo eras, la gota que estaba en tu mano, las canciones de las que quería hablarte y tiro la llave con la que te abrí la puerta.



Hay un momento que nunca se repite. Y hay un lugar, que tú no has ocupado, que siempre se quedará vacío.

Porque hay un momento en el que te busco y un momento en el que te espero, y te espero, y te espero.

Y luego ya, no.





11.11.14

Big Bang

Disfruto de nuestro Big Bang antes de que mi materia sea absorbida y desintegrada por el inminente agujero negro que me espera después de ti.

Pilar Zeta





6.11.14

Criaturas por las que madrugarías un lunes: el perro vinagre

Quién no ha deseado alguna vez que ese peluche que arrastrabas a todas partes, que abrazabas con fuerza y al que hablabas sin obtener ninguna respuesta, cobrara vida de pronto y fuese una criatura real (y que además, hablase tu idioma).
A priori, puede parecer complicado disponer de Oso Pardo vivo en casa. Y digo a priori, porque no te resultará difícil si dispones, además, de una cuenta en Suiza, llevas al menos unos 8 años de concejal y alcalde de algún ayuntamiento y tienes una agenda llena de apellidos compuestos.

Para el resto de los mortales amantes de las criaturas adorables, Dios, que aunque lo parezca nunca se olvida de nosotros, presionó el boton de random universal y... ¡deseo concedido!

Un oso del tamaño de un perro. Un perro con apariencia de oso. Speothos venaticus. Simplicidad.




Es una criatura sencilla, sin grandes pretensiones, que combina con todo. Compacta, de un tamaño muy asequible, apta para un pisito de soltero. Emiten unos ruiditos muy graciosos, parecidos a los juguetes de los bebés que aprietas y suenan. Con una durabilidad aproximada de 10 años.
Grandes nadadores y excavadores.
El macho, además, contribuye a la crianza de sus pequeños, transportándolos y bañándolos.

Conciliando la vida familiar.

Son tan humildes, que apenas sí tienen unas pocas líneas en Wikipedia, motivo por el cual este post se hace más aburrido...

Sin embargo, dejo lo mejor para el final, pues es imposible para por alto su nombre: Vinagre. Me parece el mejor nombre para un perro, yo no lo hubiera podido bautizar mejor. Un nombre que no tiene absolutamente nada que ver con él, pero cuyo surrealismo me ha conquistado plenamente. El Perro Vinagre. (Bush Dog en inglés... argh!)

A punto de "aliñar" la ensalada


Y como siempre, después del madrugón del lunes, podemos echarnos una siestita para recuperar fuerzas, a ser posible, junto a algo amoroso y calentito que nos haga los sueños mucho más agradables.

¡Felices sueños avinagrados!





5.10.14

Tai-chi en Pisa

En mi reciente viaje por la Toscana (que recomiendo muy mucho) hicimos la última parada en Pisa, desde donde regresamos a Madrid por muy pocas pesetillas y puntualidad del 99% gracias a una redimida Ryanair.
Por supuesto, visitamos su Duomo y la torre inclinada, que incluye en sí misma un fenómeno social de sobra conocido, que me he tomado la libertad de bautizar como La Tontería Transnacional.

Personas venidas de todos los rincones del mundo, igualados todos a su vez dentro de la categoría de "aquellos que tienen dinero para pagarse un viaje", deciden practicar tai-chi de todas las formas posibles en el marco incomparable del césped de la torre del campanario. Todos en busca de la fotografía más original, sin duda.

Así que yo, embriagada por la danza oriental, el ir y venir de disparos y brazos al aire, no pude por menos que intentar retratar esos efímeros momentos, llenos de magia y color. Algunos captados mejor que otros, pero que sin duda os trasladarán esa atmósfera tan especial que es el turismo masivo.




Y por supuesto, yo también me retraté practicando tai-chi pisano. Pero el de verdad, el de encontrar la paz interior y pasando de sujetar ninguna torre.



23.9.14

La otra opción

En este post hablo todo el tiempo en femenino, porque creo que el tema toca especialmente a las mujeres (por la presión social que es más fuerte para ellas). Sin embargo, es algo que opino a nivel general, para hombres y mujeres.
  
¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de: “otra vez será”? ¿Quién no ha usado ese manido “no te preocupes, ya verás como vendrá algo mejor pronto” para consolar a algún ser querido desanimado?
Concreto más: ¿quién no ha tirado de recurso fácil ante una ocasión de desamor: “ya verás como pronto llegará esa persona a tu vida”, “algún día yo también viviré una historia así”, “esto ha salido mal… pero podría haber salido bien, algún día saldrá bien”...?

Parece que la esperanza nos reconforta. Porque sin esperanza, ¿qué nos quedaría? ¿Cómo podríamos seguir viviendo sabiendo que, efectivamente, no habrá nada mejor que nos aguarde? ¿Que no habrá ninguna recompensa a lo largo del camino? ¿Cómo podríamos atrevernos a amar sabiendo que siempre será en vano? Sería comprar boletos de lotería cuando no anuncian ningún premio. Tan sólo son números impresos en un papel.

Según me voy haciendo mayor (o menos joven), esta realidad se me perfila cada día un poco más real, más posible. Y, al contrario de lo que podría parecer, cada vez me da menos miedo.
Y sobre todo: cada vez me doy mayor cuenta de lo dispuesto que está el mundo para que creamos que una vida es para compartirla de una forma romántica, y que si no triunfas en el amor, no habrás triunfado en la vida, porque sólo serás media persona, no alguien completo.
No sólo hemos sido profundamente educadas en esta idea, sino que además hemos sido privadas de los recursos necesarios para crecer como personas únicas. No tenemos herramientas para afrontar una vida sin pareja. Es por esto que debemos encontrarlas nosotras mismas (las herramientas, digo).

Idea profundamente errónea estampada sobre fondo y tipografías modernos.

Cuando alguien nos rompe el corazón (o nos cabrea por habernos hecho pasar una semana friendo el whatsapp para nada), nos dicen que “otra persona llegará”. Las palabras mágicas.
Y esa es la solución: sentarse a esperar el siguiente tren.
A mí, personalmente, me hubiera gustado que alguien me dijera que puede que eso no llegue a ocurrir nunca, o que ocurriría dentro de mucho tiempo, pero que en el fondo eso no cambia la esencia de quién soy.
¿Por qué nadie nos dice que podemos decidir no esperar el tren, saltar las vías y seguir caminando campo a través? Quizás en nuestra travesía nos encontremos con alguien, entre cardos, barro y ratas, o entre amapolas, mariposas y unicornios, pero que igualmente tenemos que seguir caminando, contemplando el paisaje, disfrutando de nuestros pasos, creciendo y aprendiendo de otras personas, viviendo experiencias.

Nadie nos educa para que podamos vivir nuestra forma de amar al margen del deseo de que el vampiro misterioso del instituto nos elija a nosotras y entonces nuestra vida cobre sentido. Porque Bridget Jones acaba encontrando un marido, a pesar de todo. Siempre hay una luz al final, un hombre (o una mujer) que te espera bajo la lluvia, y que al final sabrá valorarte y quererte, porque te lo mereces.
Y nadie nos dice que tenemos esa persona a nuestro lado toda nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos: nosotras mismas. Y que podríamos aprender a valorarnos, y a querernos, y porque a partir de aquí, todo lo que venga servirá para enriquecernos, y no para suplir unas carencias que nos han venido dadas desde fuera y que nos hemos creído.

Todo esto que suena a autoayuda barata es lo que veo que a mi alrededor provoca el 90% del sufrimiento y la frustración de las personas cercanas, y de mi misma también, claro: nadie nos ha preparado para estar solos. Es el gran tabú.
  
Yo cada día me siento más completa, más entera. Me siento más definida como persona cada día que paso feliz en mi individualidad, en mi soledad o en mi solitariedad.
Pienso que, con mis condiciones (y esta palabra incluye un millón de comillas), no me debería resulta difícil encontrar a alguien que me mirase y se derritiera, que me hiciera derretirme a mi también, y que nos desencadenásemos las reacciones químicas más adictivas de la tabla periódica. Las estadísticas están a mi favor.

Sin embargo, a día de hoy, la realidad me demuestra que las cosas no son así, y que (oh dios mio!), “las rachas” podrían tratarse tan sólo de un concepto que hemos inventado para consolarnos. Y que, sencillamente, esto es lo que ha habido, hay y será siempre. Que la soltería no es un estado pasajero, sino una circunstancia más de nuestras vidas, y que eso no nos hará ni mejores ni peores. Porque no se trata de resignación, sino de crecimiento.
Que existe la otra opción: la de no recibir nunca la respuesta que buscamos.


Nadie nos prepara para aceptar que la realidad puede sucederse así: que puede que no sólo no seamos correspondidas nunca, sino tampoco amadas.
Que podremos pasar por esta vida sin haber sido deseadas, sin que nadie haya sostenido nuestra cara con sus dos manos mientras nos besaba como un príncipe, que no habremos encontrado otro cuerpo que nos hiciera sentir como en casa, que nadie se habrá quedado dormido pensando en nuestro nombre.
Que al final, toda esa recompensa emocional, sería sólo una opción, no una garantía.




29.10.13

El Efecto Calvin

Los cómics de Calvin & Hobbes me han acompañado desde mi más tierna infancia. Cuando era más pequeña, no los entendía, claro, puesto que además los considero de un humor bastante especial.
Con los años, los he ido entendiendo mucho mejor, hasta darme cuenta de que Bill Watterson nos está mostrando La Verdad de la Vida desde sus viñetas.
No, en serio. Creo que este señor tan salao en buena medida ha contribuido con su tinta a construir mi actual forma de pensar. Como diría él: a forjarme el caracter. 





Hoy voy a aprovechar una de sus viñetas, probablemente la que es mi favorita, para ilustrar un fenómeno sobre el que vengo reflexionando desde hace algunos meses y que considero muy importante en la vida de todo ser humano. Y por eso quiero compartirlo con vosotras y vosotros.
No siempre llega a ocurrir, y en algunas personas ocurre de una manera desproporcionada. Pero, según mi punto de vista, utilizado de una manera equilibrada, es uno de los recursos que más bienestar mental procuran.

Es lo que yo llamo El Efecto Calvin, que podría resumirse así:



La clave está en dejar de utilizar ese recurso fácil que es la Autocompasión y empezar a aceptar que, efectivamente, en la vida hay muchas cosas que, sencillamente, son una mierda.

El Efecto Calvin sucede cuando se produce el cambio conceptual de que nosotras mismas tenemos problemas, pero no somos el problema. Se produce cuando somos capaces de entender que nuestras injusticias han sido causadas por terceras personas.
Se podría entender como un proceso de externalización de la lástima: no siento lástima por mi misma, sino que siento lástima a causa de la situación tan injusta que siento que estoy viviendo. Da lástima todo esto, no doy lástima yo.

Si, puede que al final tan sólo se trate de otro mero mecanismo de defensa más (que por otro lado, me estoy inventando ahora mismo). Una manera de echar balones fuera (cosa que el cerebro hace casi por instinto).
Y de ahí que sea tan importante la cuestión del equilibrio: no somos unas pobrecillas víctimas de las acciones de los demás, que estamos a expensas de decisiones de otros... pero sí. A veces las decisiones de otros nos joden. Y es importante no caer en la trampa fácil de la culpabilidad: "es que si yo no hubiese hecho esto antes...", "yo tendría que haberme dado cuenta...".
¡Basta! Es muy probable que no hubieras podido hacer nada para cambiarlo, así que deja de pensar en tí y busca en youtube un tutorial de vodoo para principiantes.

A mi personalmente, este cambio de forma de pensar ha sido de las cosas que más han ordenado mi mente y más paz han dado a mi espíritu. Con el tiempo, me he ido dando cuenta de que la gran mayoría de las veces en las que una persona siente que se encuentra en una situación de injusticia, normalmente es debido a que hay otras personas que lo están provocando (quizás no deliberadamente, por supuesto).

El Efecto Calvin trata de aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control, cosas que no dependen de nosotras, pero que eso no hace que seamos peores, ni tengamos menos capacidades, ni que nuestra vida valga menos. Trata de aceptar nuestras propias limitaciones, pero sobretodo de aceptar las limitaciones de los demás. Trata de dejar atrás el miedo a admitir que tú has hecho todo bien y que ya no hay nada más que rascar.

Por eso creo que es mucho más útil e importante emplear todo ese tiempo que dedicábamos a autocompadecernos y a lamentarnos por nuestra "mala suerte", lloriquear y odiar nuestra vida, en identificar y aprender a liberarnos de todas esas personas que de alguna manera hacen nuestra vida más penosa.



entrada 100

Pues eso.




13.10.13

Natalia

Esta es una fotografía de Felipe Dana, fotógrafo de prensa brasileño, que tuve la oportunidad de ver en el World Press Photo 2013 en Madrid.



Es pequeña, pero tenía una pared para ella sola, para que te pusieras frente a ella y la miraras, de frente.
El impacto es instantáneo. Por lo menos a mí, el disparo me alcanzó de lleno.

Natalia tiene 15 años y es consumidora de crack, pero no sabe desde hace cuánto tiempo, porque apenas sí recuerda el año en que nació. Vive en la calle, claro. Está perdida. Pero no de una forma en la que yo, o tú, podremos estar perdidas nunca.
Cuando la miro, por un instante, me recuerda a un espejo. Pienso en las veces que me he visto reflejada de esta manera, pero completamente distinta a la vez, y pienso que me recuerda a mi cara, que puedo adivinar su gesto, su cansancio, su completa levedad, su dolor.
Pero enseguida me doy cuenta de lo ridículo de mis pensamientos, y de que realmente, la sensación de quemazón que recorre mi garganta es por saber que yo jamás podré entender, vivir, imaginar o llorar nada de lo que ella ha vivido. De que lo que estoy haciendo es llorándola a ella. Y de que este instante, y con tantas lágrimas que habremos derramado y las que nos quedarán por derramar, será seguramente uno de los pocos que tengan un auténtico motivo.

Mirar a Natalia me duele, me hiere. Pero no por su gesto, su cabeza ladeada, sus ojos rojos, sus pupilas dilatadas, su juventud o su completa soledad. Sino por su insoportable belleza. Me duele el color de su piel, que se adivina tan suave como la seda, su boca perfecta, sus pestañas, la forma de sus cejas, la tersura de su cuello.

En la mayoría del territorio poblado del planeta Tierra, la vida no tiene valor. Porque el hecho de poner un valor a las cosas, lo hacemos aquellos que tenemos el lujo de poder medirlas, de teorizar sobre ellas y relativizarlas. 
Ella podría morir mañana (si no lo ha hecho ya), y no habría diferencia.
No habría diferencia incluso para ella. 



8.10.13

Once formas de decirte que no

¿Sabes ese momento en el que alguien te seca las lágrimas, te pasa un brazo por el hombro o te sonríe ligeramente mientras murmura: llegará un día en que nos acordemos de todo esto y nos riamos?
Ese día ha llegado.

Hace poco más de un año, y a causa de una recurrente sensación de hartazgo sentimental, se me ocurrió recopilar todas las excusas, razones, argumentos o palabras inconexas que me habían dado los tíos, a lo largo de mi vida, como respuesta a una proposición (real o supuesta) por mi parte de llegar a ese algo más.

Como los algos más eran muy variados, y los hombres y las circunstancias también, resultó ser una colección de lo más... peculiar. Así que, muy contenta con el resultado, me vine a arriba y decidí investigar en la vida privada de amigas y conocidas, para que nuestra Colección de Excusas para Decir que No siguiera creciendo.
Un año después, y en proceso de conseguir más y más excusas, propias y ajenas, he decidido empezar a ilustrarlas.

De momento, os dejo con las primeras 11 estampas que me han salido, a la espera de trabajar sobre el resto. No todas las he recibido yo, pero lo que es seguro es que todas son 100% realidad, 0% ficción (incluso las palabras utilizadas).
Podéis tomar ideas, o reinterpretarlas a vuestra manera. Las posibilidades son infinitas. Y aunque hasta ahora sólo haya recopilado material masculino en relaciones heterosexuales, bien es cierto que todas y todos, antes o después, acabaremos tirando de palabrería para rechazar a alguien.
En el amor, la guerra y las negativas, ¡todo vale!

Dedicado a todas las chicas que estáis participando en mi recogida de excusas, para que nos ayude a tomarnos todo un poco menos en serio.

Especial dedicación a todos los chicos que me habéis nutrido de buen material creativo. Sin vuestra inestimable ayuda, todo esto no hubiera sido posible. Os mando un beso: ése que no quisisteis repetir o el que nunca llegasteis a probar.















Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...