11.11.14

Big Bang

Disfruto de nuestro Big Bang antes de que mi materia sea absorbida y desintegrada por el inminente agujero negro que me espera después de ti.

Pilar Zeta





6.11.14

Criaturas por las que madrugarías un lunes: el perro vinagre

Quién no ha deseado alguna vez que ese peluche que arrastrabas a todas partes, que abrazabas con fuerza y al que hablabas sin obtener ninguna respuesta, cobrara vida de pronto y fuese una criatura real (y que además, hablase tu idioma).
A priori, puede parecer complicado disponer de Oso Pardo vivo en casa. Y digo a priori, porque no te resultará difícil si dispones, además, de una cuenta en Suiza, llevas al menos unos 8 años de concejal y alcalde de algún ayuntamiento y tienes una agenda llena de apellidos compuestos.

Para el resto de los mortales amantes de las criaturas adorables, Dios, que aunque lo parezca nunca se olvida de nosotros, presionó el boton de random universal y... ¡deseo concedido!

Un oso del tamaño de un perro. Un perro con apariencia de oso. Speothos venaticus. Simplicidad.




Es una criatura sencilla, sin grandes pretensiones, que combina con todo. Compacta, de un tamaño muy asequible, apta para un pisito de soltero. Emiten unos ruiditos muy graciosos, parecidos a los juguetes de los bebés que aprietas y suenan. Con una durabilidad aproximada de 10 años.
Grandes nadadores y excavadores.
El macho, además, contribuye a la crianza de sus pequeños, transportándolos y bañándolos.

Conciliando la vida familiar.

Son tan humildes, que apenas sí tienen unas pocas líneas en Wikipedia, motivo por el cual este post se hace más aburrido...

Sin embargo, dejo lo mejor para el final, pues es imposible para por alto su nombre: Vinagre. Me parece el mejor nombre para un perro, yo no lo hubiera podido bautizar mejor. Un nombre que no tiene absolutamente nada que ver con él, pero cuyo surrealismo me ha conquistado plenamente. El Perro Vinagre. (Bush Dog en inglés... argh!)

A punto de "aliñar" la ensalada


Y como siempre, después del madrugón del lunes, podemos echarnos una siestita para recuperar fuerzas, a ser posible, junto a algo amoroso y calentito que nos haga los sueños mucho más agradables.

¡Felices sueños avinagrados!





5.10.14

Tai-chi en Pisa

En mi reciente viaje por la Toscana (que recomiendo muy mucho) hicimos la última parada en Pisa, desde donde regresamos a Madrid por muy pocas pesetillas y puntualidad del 99% gracias a una redimida Ryanair.
Por supuesto, visitamos su Duomo y la torre inclinada, que incluye en sí misma un fenómeno social de sobra conocido, que me he tomado la libertad de bautizar como La Tontería Transnacional.

Personas venidas de todos los rincones del mundo, igualados todos a su vez dentro de la categoría de "aquellos que tienen dinero para pagarse un viaje", deciden practicar tai-chi de todas las formas posibles en el marco incomparable del césped de la torre del campanario. Todos en busca de la fotografía más original, sin duda.

Así que yo, embriagada por la danza oriental, el ir y venir de disparos y brazos al aire, no pude por menos que intentar retratar esos efímeros momentos, llenos de magia y color. Algunos captados mejor que otros, pero que sin duda os trasladarán esa atmósfera tan especial que es el turismo masivo.




Y por supuesto, yo también me retraté practicando tai-chi pisano. Pero el de verdad, el de encontrar la paz interior y pasando de sujetar ninguna torre.



23.9.14

La otra opción

En este post hablo todo el tiempo en femenino, porque creo que el tema toca especialmente a las mujeres (por la presión social que es más fuerte para ellas). Sin embargo, es algo que opino a nivel general, para hombres y mujeres.
  
¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de: “otra vez será”? ¿Quién no ha usado ese manido “no te preocupes, ya verás como vendrá algo mejor pronto” para consolar a algún ser querido desanimado?
Concreto más: ¿quién no ha tirado de recurso fácil ante una ocasión de desamor: “ya verás como pronto llegará esa persona a tu vida”, “algún día yo también viviré una historia así”, “esto ha salido mal… pero podría haber salido bien, algún día saldrá bien”...?

Parece que la esperanza nos reconforta. Porque sin esperanza, ¿qué nos quedaría? ¿Cómo podríamos seguir viviendo sabiendo que, efectivamente, no habrá nada mejor que nos aguarde? ¿Que no habrá ninguna recompensa a lo largo del camino? ¿Cómo podríamos atrevernos a amar sabiendo que siempre será en vano? Sería comprar boletos de lotería cuando no anuncian ningún premio. Tan sólo son números impresos en un papel.

Según me voy haciendo mayor (o menos joven), esta realidad se me perfila cada día un poco más real, más posible. Y, al contrario de lo que podría parecer, cada vez me da menos miedo.
Y sobre todo: cada vez me doy mayor cuenta de lo dispuesto que está el mundo para que creamos que una vida es para compartirla de una forma romántica, y que si no triunfas en el amor, no habrás triunfado en la vida, porque sólo serás media persona, no alguien completo.
No sólo hemos sido profundamente educadas en esta idea, sino que además hemos sido privadas de los recursos necesarios para crecer como personas únicas. No tenemos herramientas para afrontar una vida sin pareja. Es por esto que debemos encontrarlas nosotras mismas (las herramientas, digo).

Idea profundamente errónea estampada sobre fondo y tipografías modernos.

Cuando alguien nos rompe el corazón (o nos cabrea por habernos hecho pasar una semana friendo el whatsapp para nada), nos dicen que “otra persona llegará”. Las palabras mágicas.
Y esa es la solución: sentarse a esperar el siguiente tren.
A mí, personalmente, me hubiera gustado que alguien me dijera que puede que eso no llegue a ocurrir nunca, o que ocurriría dentro de mucho tiempo, pero que en el fondo eso no cambia la esencia de quién soy.
¿Por qué nadie nos dice que podemos decidir no esperar el tren, saltar las vías y seguir caminando campo a través? Quizás en nuestra travesía nos encontremos con alguien, entre cardos, barro y ratas, o entre amapolas, mariposas y unicornios, pero que igualmente tenemos que seguir caminando, contemplando el paisaje, disfrutando de nuestros pasos, creciendo y aprendiendo de otras personas, viviendo experiencias.

Nadie nos educa para que podamos vivir nuestra forma de amar al margen del deseo de que el vampiro misterioso del instituto nos elija a nosotras y entonces nuestra vida cobre sentido. Porque Bridget Jones acaba encontrando un marido, a pesar de todo. Siempre hay una luz al final, un hombre (o una mujer) que te espera bajo la lluvia, y que al final sabrá valorarte y quererte, porque te lo mereces.
Y nadie nos dice que tenemos esa persona a nuestro lado toda nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos: nosotras mismas. Y que podríamos aprender a valorarnos, y a querernos, y porque a partir de aquí, todo lo que venga servirá para enriquecernos, y no para suplir unas carencias que nos han venido dadas desde fuera y que nos hemos creído.

Todo esto que suena a autoayuda barata es lo que veo que a mi alrededor provoca el 90% del sufrimiento y la frustración de las personas cercanas, y de mi misma también, claro: nadie nos ha preparado para estar solos. Es el gran tabú.
  
Yo cada día me siento más completa, más entera. Me siento más definida como persona cada día que paso feliz en mi individualidad, en mi soledad o en mi solitariedad.
Pienso que, con mis condiciones (y esta palabra incluye un millón de comillas), no me debería resulta difícil encontrar a alguien que me mirase y se derritiera, que me hiciera derretirme a mi también, y que nos desencadenásemos las reacciones químicas más adictivas de la tabla periódica. Las estadísticas están a mi favor.

Sin embargo, a día de hoy, la realidad me demuestra que las cosas no son así, y que (oh dios mio!), “las rachas” podrían tratarse tan sólo de un concepto que hemos inventado para consolarnos. Y que, sencillamente, esto es lo que ha habido, hay y será siempre. Que la soltería no es un estado pasajero, sino una circunstancia más de nuestras vidas, y que eso no nos hará ni mejores ni peores. Porque no se trata de resignación, sino de crecimiento.
Que existe la otra opción: la de no recibir nunca la respuesta que buscamos.


Nadie nos prepara para aceptar que la realidad puede sucederse así: que puede que no sólo no seamos correspondidas nunca, sino tampoco amadas.
Que podremos pasar por esta vida sin haber sido deseadas, sin que nadie haya sostenido nuestra cara con sus dos manos mientras nos besaba como un príncipe, que no habremos encontrado otro cuerpo que nos hiciera sentir como en casa, que nadie se habrá quedado dormido pensando en nuestro nombre.
Que al final, toda esa recompensa emocional, sería sólo una opción, no una garantía.




29.10.13

El Efecto Calvin

Los cómics de Calvin & Hobbes me han acompañado desde mi más tierna infancia. Cuando era más pequeña, no los entendía, claro, puesto que además los considero de un humor bastante especial.
Con los años, los he ido entendiendo mucho mejor, hasta darme cuenta de que Bill Watterson nos está mostrando La Verdad de la Vida desde sus viñetas.
No, en serio. Creo que este señor tan salao en buena medida ha contribuido con su tinta a construir mi actual forma de pensar. Como diría él: a forjarme el caracter. 





Hoy voy a aprovechar una de sus viñetas, probablemente la que es mi favorita, para ilustrar un fenómeno sobre el que vengo reflexionando desde hace algunos meses y que considero muy importante en la vida de todo ser humano. Y por eso quiero compartirlo con vosotras y vosotros.
No siempre llega a ocurrir, y en algunas personas ocurre de una manera desproporcionada. Pero, según mi punto de vista, utilizado de una manera equilibrada, es uno de los recursos que más bienestar mental procuran.

Es lo que yo llamo El Efecto Calvin, que podría resumirse así:



La clave está en dejar de utilizar ese recurso fácil que es la Autocompasión y empezar a aceptar que, efectivamente, en la vida hay muchas cosas que, sencillamente, son una mierda.

El Efecto Calvin sucede cuando se produce el cambio conceptual de que nosotras mismas tenemos problemas, pero no somos el problema. Se produce cuando somos capaces de entender que nuestras injusticias han sido causadas por terceras personas.
Se podría entender como un proceso de externalización de la lástima: no siento lástima por mi misma, sino que siento lástima a causa de la situación tan injusta que siento que estoy viviendo. Da lástima todo esto, no doy lástima yo.

Si, puede que al final tan sólo se trate de otro mero mecanismo de defensa más (que por otro lado, me estoy inventando ahora mismo). Una manera de echar balones fuera (cosa que el cerebro hace casi por instinto).
Y de ahí que sea tan importante la cuestión del equilibrio: no somos unas pobrecillas víctimas de las acciones de los demás, que estamos a expensas de decisiones de otros... pero sí. A veces las decisiones de otros nos joden. Y es importante no caer en la trampa fácil de la culpabilidad: "es que si yo no hubiese hecho esto antes...", "yo tendría que haberme dado cuenta...".
¡Basta! Es muy probable que no hubieras podido hacer nada para cambiarlo, así que deja de pensar en tí y busca en youtube un tutorial de vodoo para principiantes.

A mi personalmente, este cambio de forma de pensar ha sido de las cosas que más han ordenado mi mente y más paz han dado a mi espíritu. Con el tiempo, me he ido dando cuenta de que la gran mayoría de las veces en las que una persona siente que se encuentra en una situación de injusticia, normalmente es debido a que hay otras personas que lo están provocando (quizás no deliberadamente, por supuesto).

El Efecto Calvin trata de aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control, cosas que no dependen de nosotras, pero que eso no hace que seamos peores, ni tengamos menos capacidades, ni que nuestra vida valga menos. Trata de aceptar nuestras propias limitaciones, pero sobretodo de aceptar las limitaciones de los demás. Trata de dejar atrás el miedo a admitir que tú has hecho todo bien y que ya no hay nada más que rascar.

Por eso creo que es mucho más útil e importante emplear todo ese tiempo que dedicábamos a autocompadecernos y a lamentarnos por nuestra "mala suerte", lloriquear y odiar nuestra vida, en identificar y aprender a liberarnos de todas esas personas que de alguna manera hacen nuestra vida más penosa.



entrada 100

Pues eso.




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